Bairon Paz

Bairon Paz
¡¡¡La trinidad!!! Frente a una cruz de palo.

martes, 26 de octubre de 2010

Razón política del sueño...

Canción de amor

a un hijo, a una patria.

a las razones políticas de un sueño.



D

Esta oscuridad que respiran tus ojos

es la noche.

Esta ternura con tacto de arena y suave viento,

este plato con migas lácteas

donde la quietud bebe pequeños gritos de estrella,

este silencio que es garganta,

esta cama

donde la noche guarda huesos.



Hijo mío, detén la angustia de tu carrera.

Olvida las pisadas que te hostigan.

Deja que el día se cierre encima de tus ojos.

¡Que las constelaciones aborden tus párpados!
¡Que la luna encienda velas con su aliento!

La claridad ha de inflamar esta noche a tus veleros



Zarpa hacia la luz,

que hay agua en las maneras de la luna

y en esa arena que resbala desde adentro tu mirada.

Cristales heridos

caen en tus ojos de esclusa,

de manantial abierto a las ensoñaciones.



Tu almohada es un atracadero…

penetrando esa mar iluminada de espinas,

húndete sin prisas.

Lento, como el torso de un galeón a la deriva.


No temas al abismo…

a la oscuridad sin fondo de los ojos cerrados,

que yo seguiré en la orilla,

viendo tu sueño iluminar el precipicio.



E

No tengas miedo a la noche

y el silencio de metrallas agazapadas.

Grandes son los pisotones

que los perseguidores activan sobre el agua,

pero esos pies no caben

en las sandalias de tus ojos cerrados.



Moja tu sueño en el rocío blando

Desliza su alivio por tus sienes

Olvídate de angustias,

suelta las amarras de tus manos

que mi corazón de luna abierta

guarda de peligros tu descanso.

Sueña un pez en cuarto creciente…

No dejes a tu anhelo interrumpir su nado.





S

Con la vejez se aprende a entender la calma,

adviertes ambos lados de una cara.

Los dobleces donde se esconden las espinas,

la huella de dos dentaduras,

sumergidas en un mismo líquido de parto.

Escucho el murmullo letánico de la corriente,

su garganta funeraria,

responso del agua que te sumerge.

Agua con gestos doloridos

bajo la superficie de tu cara.

La pavura del sueño te estremece,

sudas blancamente,

nadas el fiordo agitado de tu espanto.

Angustias en el callado rompeolas de mis manos.



Pero no hay cardúmenes en mi voz para tocarte,

No interrumpo tu trance,

aunque conozco la voz de tu consuelo,

el canto de calma

para tu mar alebrestado.



Nada ha de mojar mi música en tus tempestades-



Retuerces
pulmones sin pez

alrededor de un sueño malo.



Yo podría arrullarte hijo mío,

mecerte a puro canto.

Besar ojos

con rocío de paisajes justos,

respirados en armonía con el vuelo libre

que predicen, antes del alba, tus pájaros.

Pero no puedo despertarte,

En mitad de un sueño desdibujado,

en mitad de un sueño malo.








P

Quisiera tantas cosas fértiles para vos

Esperanzas cultivables con palabras.

Servirte la mesa con una patria distinta,

con otro amor de fruta dispuesta a alimentarte.

Quisiera darle pasto a tus oraciones tiernas.

Labios que conjuguen racimos de buenos vientos,

lluvias oportunas,

días claros persiguiendo manadas de mañanas florecidas.

Pero hay un reloj goteando en cada madrugada,

en cada rotación del universo

donde el uniforme rebaño de los días parece que abrevara.

Clepsidra que se derrama

en el espejo repetido de las aguas.

Mismo dolo, misma ausencia de justicia,

mismo salpicar de portadas y patrañas.



E

Sigue durmiendo, soñando…

Domestica al potro que cabalgan tus anhelos.

Vuélvelo dócil como los caminos…

Todos los caminos te conducirán a la tierra,

esa es la eternidad del silicio.

Nada nos pertenece salvo el polvo,

fue la tierra quien un día quiso volverse carne,

fue el miedo del hombre

a las fauces que rondan fuera

quien nos volvió adobe.

Barro elevado de la tierra,

tejas pasadas por fuego

para contener la inclemencia del agua,

para guardar la fragilidad de la carne.



Luego vinieron aldeas

Pueblos comarcas, regiones,

renglones dando forma al torso de la patria.



Pero esa patria te fue negada.

Comprada fue por otras manos,

subastada, tasada, rematada

y heredada a otros hombres

con nosotros dentro como ratas.

Patria de otras y para otras manos.

Manos que poseen

y compran y encadenan.

Manos nacidas para la subyugación y la guerra.




R

A la casa le nacieron barrotes

en el sitio de los paisajes de ventana.

los artesones de los tejados pobres

fueron fauces abiertas,

con ansiedad de cebarse

en las cabezas de aquellos mordidos por el hambre.

Los amos -las manos de los amos-

tienen todas las llaves.

Encadenan a los colmillos del hambre,

heredaron los secretos.

Ellos conocieron siempre la combinación

y las cerraduras de los bozales

que encadenan la necesidad

y aprendieron a soltarlas a su tiempo

sobre los huesos frágiles de los desposeídos.





T

Enorme es la bestia que muerde los estómagos sin alimento.

Mayores son los amos de esa bestia,

mayores las huellas reptantes

que escapan a la seguridad de sus mansiones,

al cielo abierto de sus colonias con vallas electrificadas,

a sus balcones forjados con dientes de perro.

A sus jaulas tapizadas con retratos de culebra.



Una ley cortada por un sastre

arropa disgustos.

Los amos se refugian en inmunes puestos públicos,

en insustanciales comisiones

y consejos,

en dependencias, ministerios,

secretarías, congresos,

poderes del estado…

y en otros laberintos- madriguera

donde mudan de piel cada cuatro años.






A

Cuando los amos mudan de piel,

llueven afiches con sonrisas bobas

y llueven meados, y saliva vacua.

El suelo se enloda de slogans y spots publicitarios.

Tonaditas electorales ensucian la paciencia del viento.

Sombrerazos finos de patrón

abanican el olor a faena de los hombres del campo.

Este es el tiempo de jugar al árbol de las promesas,

a las necesidades no cumplidas,

a descubrir el escondite, de otros amos,

en agujeros de bolsillos fiscales

o en anaqueles de hospitales,

que se quedaron solos prematuramente.

Vuelven para prometer lo que no cumplieron

y que luego también incumplirán

para seguir prometiendo

al infinito.

Un follaje de mentiras

les camufla y alimenta.

Un forraje que todos rumiamos sin decir palabra.





R

Cuando se acaba el estribillo

y un remolino de escoba levanta el último desperdicio.

Los amos despiertan.

Retoman su puntualidad de sicarios.

Buscan lentamente

los apriscos de sus rabiosos animales.

Despacio, sin apuros,

con toda calma

vuelven a desamarrar el hambre y sus voracidades.



E

Que no te despierten estas cosas que digo,

hijo mío.

Es tu deber seguir soñando.

Aleja sus besos de brea,

su lengua pútrida que por decreto nos asfixia.

El abrazo indeseado de las alimañas.

Coloca un sello de ceniza en sus peligrosas bocazas,

que no manchen tu sueño con palabras de dos caras.

Sueña de frente,

¡jamás dándoles la espalda!




M

Almácigo de víboras

son las escuelas de los hijos de los grandes señores.

Arriate de fauces dispuestas al canibalismo.

Herederos de colmillos y cicatrices,

patrias, bozales, fieras

con sus respectivos manuales.

Heredaran también las poses, los whiskeys, las barrigas,

las haciendas, las empresas, las televisoras,

los curules, las magistraturas,

los diplomas universitarios.

En estas escuelas se forjan los fierros

que un día arderán las ancas de la patria.

Aquí los nuevos amos,

los futuros dosificadores de espanto

se preparan para la guerra.

Cuídate de ellos, aprende a identificarles,

aprende a dibujar el olor de sus casas,

aprende la memoria del sabor de sus alimentos en lata,

las páginas donde cumplen años sus señoras .

Nunca te fíes ni del fotoshop, ni de su ortodoncia,

sonrisas precediendo dentelladas,

apretones de manos,

abrazos de escorpión sosteniendo su bocado.



Colas de alacrán componen su bandera,

aguijones desnudos

de hijos educados para comerse a su madre.



O

Es necesario soñar otra bandera hijo mío.

Arriar el cielo entero si es preciso,

hacerlo que confiese la naturaleza de su lampo.

Interrogarle sobre su inútil hermandad con una nieve

que no conocemos.

Vamos a hacer un emblema con vuelo de pájaros

con olor a selva,

a caracol, a tierra,

a maíz cocido

bajo la orden de levántate y anda.

un pabellón con raíces y alas,

músculos y nervios,

canto de agua y sabiduría de camino.

Queremos flamear semillas y amaneceres.

Una insignia que también sea alborada

-sueños de hijos

durmiendo a salvo de las balas.-



¡Oh bandera sin vocación de mortaja,

sin alma de sudario

Son tantos ¡oh! tus hijos asesinados.



Necesario es soñar otra divisa hijo mío.

No vuelvas de tu sueño sin su aletear vigoroso.

Déjala arropar a los hermanos bajo un ala.

Una bandera que gobierne al viento

y no aquella

nacida para la grama,

hija de un falso amor patrio

que solo germina en los estadios,

donde manadas sin cabeza

nos regalan alegrías tuncas,

felicidades inconclusas de gargantas

al tiempo que afuera

-quiero decir en grandes hoteles,

de grandes ciudades,

de grandes países-

los amos directivos,

de espaldas a nuestras lágrimas contentas,

contentos

cuentan

cuentas

de collares bancarios.




S

Pero sueña con furia, hijo mío.

destroza con bilis estas calamidades.

Antes que amanezca…

Antes de otro día enredado en sinrazones.

Con los horcones de tu sueño

y con este amargo cieno y esta dilatada hebra

que reprocha mi canto,

construiremos,

en el torso estriado de la vieja patria,

adobes vivos,

la piel y la carne de la nueva casa.









Bairon Alfonso Paz Fernández.

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